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¿Será que soy de otro planeta?

Como ejecutiva se me ha hablado en miles de ocasiones de que lo que pasa en la oficina es trabajo y que no debe ser tomado personal.

Pues hoy descubrí que no importa que tan duro lo intente, yo lo tomo personal. Y es que es muy sencillo desde mi punto de vista….yo soy una persona! Por ende todo lo que pasa en mi vida es personal o no? Si hago algo bien, es porque como persona lo hice bien, me esforcé, obtuve un resultado y me alegro por eso. Recibo felicitaciones, palmaditas en la espalda y si me va bien hasta un bono adicional por el “buen desempeño”. Pero si somos de las personas que cuestionamos las acciones y decisiones, si nos apasionamos con un tema hasta el punto de la discusión, resulta que somos tachadas de “negativa” y no lo puedo tomar personal, porque “no soy yo” es el trabajo. Caramba…entonces tampoco debería alegrarme cuando se hacen las cosas bien, o me equivoco?

Soy una persona, siento como persona, aunque sea en mi lugar de trabajo. No me convence la teoría de que los jefes pueden decirte lo que quieran y tú solo debes pensar que es “trabajo”, al diablo con eso, somos personas las que trabajamos, no máquinas y tenemos sentimientos, nos apasionamos, reímos y lloramos, y esa es la naturaleza del ser humano, ese fue el regalo que nos dio Dios, lo mínimo que debemos hacer para honrar ese regalo, es comportarnos como tal y no como máquinas.

Jesús nos enseña que la ley de Dios se resume en amar al prójimo como a ti mismo, entonces, si yo amo a mi prójimo, no lo trato mal, o es que acaso tratamos mal al esposo que amamos, a nuestros padres, a nuestros hijos? No verdad, entonces, por qué debemos escudarnos en la teoría de que lo que pasa en la oficina no es personal?

Hoy hay sido un día particularmente importante para mí en mi proceso de descubrirme, conocerme, definir quién soy y aceptarme como tal.

Pues en mi vida quiero plenitud, quiero vivir bajo las leyes que mi Señor Dios nos dio, quiero vivir en amor, alegría, con retos, pero siempre con respeto, escuchando activamente a los demás, sin justificar cada una de las palabras que diga, simplemente viviendo desde el fondo de mis emociones, en mi casa, en mi trabajo y a cualquier parte en que me toque estar.

No quiero tener que cuidar todo lo que digo, por miedo a lo que puedan pensar.  

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